La nota, dictada
Micrófono en cada campo. Entiende «punto y aparte» y corrige los tropiezos que el reconocimiento siempre comete con terminología médica. Antes de firmar te pide confirmar que la releíste.
La nota médica se escribe hablando. Al firmarla queda cerrada y sellada, y la receta sale en media hoja con tu cédula y tu formato. Lo demás —antecedentes, estudios, agenda y adeudos— en el mismo lugar.
Sin tarjeta · Sin instalar nada · Se abre desde cualquier navegador
Antecedentes, notas, recetas y estudios — cada cosa donde la norma pide que esté.
No hay migración obligatoria ni capacitación de tres días. Se instala, capturas tu cédula y ya puedes atender.
Tu nombre, tu logotipo y tu cédula profesional. Sin la cédula el sistema no te deja firmar, porque la ley la exige en cada receta.
Nombre, sexo y fecha de nacimiento bastan para empezar. Antecedentes y alergias se van llenando sobre la marcha.
Botón de micrófono en cada campo de la nota. Revisas, corriges lo que haga falta y al firmar queda cerrada y sellada.
Treinta pacientes en un día no dejan tiempo para pelearse con el software.
Micrófono en cada campo. Entiende «punto y aparte» y corrige los tropiezos que el reconocimiento siempre comete con terminología médica. Antes de firmar te pide confirmar que la releíste.
Al firmar, la nota se cierra y se encadena con SHA-256 a la anterior. Si alguien la modifica por fuera del sistema, el verificador señala exactamente cuál. Es la integridad que pide la NOM-024.
Media carta, carta o A5; márgenes al milímetro y hueco medido para tu papel membretado. El contenido se ajusta solo para caber en una hoja, aunque receten ocho fármacos.
Cada fármaco se cruza con las alergias del paciente, incluidas las familias con reactividad cruzada. No te impide recetar: te pide justificarlo, y queda escrito.
Heredofamiliares, patológicos, no patológicos y gineco-obstétricos, divididos como los divide la NOM-004. Alergias y padecimientos activos siempre visibles hasta arriba.
Radiografías, laboratorios y PDF dentro del expediente, con la huella del archivo para demostrar que nadie los retocó. Las órdenes pendientes te las recuerda el tablero.
Quién debe, desde cuándo y cuánto lleva vencido. Del otro lado, los gastos del consultorio: sin ellos, los ingresos no te dicen si ganas o pierdes.
Para entregárselo al paciente, mandarlo con una referencia o enseñarlo en una revisión. Las notas canceladas salen tachadas y con su motivo, como manda la norma.
Cada apertura queda registrada, incluida la simple lectura. El paciente tiene derecho a preguntarlo, y tú a poder responderle con datos.
Los mecanismos que exige la NOM-024-SSA3-2012 están construidos y los puedes verificar tú mismo: confidencialidad por rol, integridad por cadena de hash, bitácora de accesos y catálogo CIE-10.
Y lo que casi nadie te va a decir: el registro ante la DGIS es un trámite con evaluación de conformidad, y ningún software se certifica a sí mismo. Falta también firma electrónica avanzada e interoperabilidad HL7 CDA. Preferimos que lo sepas antes de contratar que en medio de una revisión.
Ver el aviso de privacidadSin límite de pacientes, de notas ni de recetas: lo único que cambia entre paquetes es cuántas cuentas caben. Todos empiezan con 14 días gratis y ninguno tiene contrato forzoso.
Un médico y su asistente. Para quien pasa consulta solo.
Hasta tres médicos, con recepción. Sale a $433 por médico.
Hasta seis médicos, con enfermería y recepción. Sale a $383 por médico.
Hasta doce médicos. Para clínicas con hospitalización. Sale a $350 por médico.
Hasta veinte médicos, con hospitalización y quirófano.
Las cuentas incluyen a todo tu equipo: médicos, enfermería y recepción. Si creces, cambias de paquete cuando quieras.
Funciona bien, y conviene saber sus límites. Usa el motor del navegador (Chrome o Edge), que se equivoca con terminología médica más de lo que uno quisiera; por eso el sistema corrige los tropiezos más frecuentes, marca qué campos se dictaron y te obliga a confirmar que releíste antes de firmar. Nunca sustituye al teclado: todo se puede corregir a mano.
A los servidores del navegador —Google, en el caso de Chrome—, que es quien convierte la voz en texto. Eso significa que información de tu paciente sale del consultorio, y por eso el sistema te lo advierte la primera vez de cada sesión y viene declarado en el aviso de privacidad. Si no te parece, escribes la nota: ninguna pantalla depende de la voz.
No, y desconfía de quien te diga que sí sin enseñarte el registro. La evaluación de conformidad la hacen organismos autorizados y el registro lo otorga la DGIS. Lo que sí puedes verificar hoy: la cadena de integridad, la bitácora de accesos y los catálogos oficiales están funcionando, y hay una pantalla que los comprueba delante de quien te revise.
No se modifica, y es a propósito: una nota firmada es un documento con valor legal. Si hay algo que agregar se hace una nota complementaria que apunta a la original; si se elaboró por error, se cancela con motivo y se queda ahí, tachada. Un expediente donde las notas desaparecen no defiende a nadie.
Sí. El sistema arma el PDF, mide cuántas páginas salieron y aprieta la densidad hasta que entre en una sola — con ocho medicamentos baja a siete puntos, nunca por debajo de lo legible. Puedes imprimir una prueba contra tu papel real antes de usarla con pacientes.
Tu expediente sigue siendo tuyo. Descargas el respaldo completo de la base cuando quieras, sin pedir permiso ni esperar a nadie. La NOM-004 te obliga a conservar el expediente cinco años, así que esa descarga no es un extra: es parte de lo que necesitas.
Solo para el dictado por voz. El resto corre en tu propio servidor y no depende de ningún servicio externo: no usa CDN, ni fuentes remotas, ni APIs de terceros.
Sí. Cada quien entra con su cuenta y firma con su cédula, y cada uno puede tener su propio formato de receta. Recepción ve la agenda y los cobros, pero no el expediente clínico: no lo necesita para su trabajo, y la ley pide limitar el acceso a lo mínimo.
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